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La foto fue tomada el 23 de junio pasado en la Casa Blanca, en Washington durante la visita de la presidenta chilena Michelle Bachelet a su homólogo Barack Obama.
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Alejandra Matus
Santiago de Chile
Hace ya casi una dos semanas que la presidenta chilena Michelle Bachelet fue recibida en la Casa Blanca por el presidente estadounidense Barack Obama y todavía se oye el eco de aquella visita, por la más inesperada de las razones: la fotografía que los periodistas chilenos que acompañaban a la mandataria pidieron tomarse junto a Obama.
El retrato, presentado en Chile, inicialmente, como un acierto de los reporteros, fue material para la sorna en los blogs de periodistas apostados en la Casa Blanca de medios como CNN, The Wall Street Journal y Fox News. La agencia EFE difundió la anécdota entre los medios de habla hispana y, súbitamente, el hecho se convirtió en tema de debate público en Chile.
Incluso los medios representados por sus periodistas en aquella fotografía, recogieron el golpe y publicaron las críticas de la prensa extranjera, que se burló de los profesionales chilenos por haber actuado como gruppies al solicitar fotografiarse junto al mandatario y por los codazos y empellones que se propinaron unos a otros por aparecer más cerca del Presidente.
Entre los retratados, había varios de los periodistas "rostros" de televisión, afamados por la postura crítica con que enfrentan a las autoridades, como Fernando Paulsen y Constanza Santa María, o premiados por sus reportajes televisivos, como Amaro Gómez-Pablos. No pocos lectores expresaron su decepción por verlos en aquella imagen.
De regreso en el país, los periodistas retratados junto a Obama, han comenzado a dar sus explicaciones. Amaro Gómez-Pablos publicó una carta en la sección editorial del Diario El Mercurio, defendiendo la gentileza de Obama como un acto "democrático", y el domingo en la noche, Paulsen puso paños fríos a las críticas.
Pero, ¿qué mostró esa fotografía que causó tanta batahola?
El episodio
Según le describió a Terra Magazine uno de los reporteros que asistió a la gira, el martes 23 de junio se encontraban todos en la antesala del Salón Oval para presenciar la histórica cita entre la primera mujer presidenta de Chile y el primer presidente afroamericano de Estados Unidos.
"Sólo se permitió el ingreso de un periodista por medio. Eramos poco más de diez", dijo el profesional, a condición de anonimato. "Mientras esperábamos para entrar, Beatriz Sánchez, de radio ADN nos propuso que le pidiéramos una foto a Obama. A todos nos pareció bien. Nos imaginamos que, si se daba la ocasión, nos tomaríamos la foto allí dentro, en un contexto más bien privado".
Una vez que los hicieron pasar y presenciar el encuentro entre los presidentes, se les dijo que no habría espacio para preguntas. Pero Amaro Gómez-Pablos, conductor del noticiario principal de TVN, quien este año recibió el Premio Internacional de Periodismo Rey de España por su reportaje televisivo acerca de la cárcel de Guantánamo, levantó la mano para pedir una pregunta. Sus colegas lo respaldaron: "Hemos viajado de tan lejos", argumentó uno. Obama, saltándose las normas de la Casa Blanca para ese tipo de encuentros, aceptó una pregunta.
Amaro Gómez-Pablos comenzó recordando un chiste que había hecho Bachelet en Estados Unidos hace poco: "Dicen que en Estados Unidos no ha habido golpe de Estado porque aquí no hay embajada de Estados Unidos". Luego, explicó a Obama que se encontraba frente a una víctima de las violaciones a los derechos humanos cometidos bajo la dictadura de Augusto Pinochet -la propia Bachelet- y que, más allá de bromas, casi todos los países de América Latina habían sufrido golpes de Estado gracias a la intervención de la CIA, incluyendo Chile. Y entonces preguntó: ¿No es hora de pedir disculpas?
Obama no pidió perdón. Admitió que su país, en su esfuerzos por hacer "bien" al mundo pudo cometer "equivocaciones" en el pasado, pero que lo importante era mirar al futuro. Cuando los reporteros intentaron hacer una segunda pregunta, la negativa de los asesores de Obama fue tajante y definitiva.
Hasta ahí, la ruptura del protocolo parecía justificada. Pero entonces intervino Beatriz Sánchez para pedir la foto, con el respaldo entusiasta de sus colegas. Ninguno se restó a la sugerencia.
"Obama aceptó, pero nos dijo que saliéramos al jardín. Cuando se abrieron las puertas del Salón Oval, nos encontramos a boca de jarro con el enjambre de periodistas que habitualmente cubren la Casa Blanca", agregó el reportero chileno presente en la cita.
Entre ellos, los reporteros de CNN y Fox que registraron en cámara al grupo saliendo desordenadamente y empujándose para quedar más cerca del Mandatario. Los periodistas estadounidenses destacaron que incluso los profesionales se olvidaron de Bachelet, quien quedó rezagada por un momento a un segundo plano, hasta que Obama la hizo pasar al frente, tomándola del brazo.
De acuerdo con el reportero chileno entrevistado por Terra Magazine, nadie en la delegación reparó en que la fotografía pudiera haber sido inconveniente sino hasta el día siguiente, cuando comenzaron a recibir noticias de las críticas tanto de los periodistas estadounidenses, como de algunos de sus colegas en Chile.
"¿No hay disculpas por la conspiración de la CIA para el golpe de Estado? Está bien, entonces qué tal una foto...", afirmó el reportero de la agencia Reuters y otro opinó que el "frenesí" que vivieron los profesionales chilenos borró la distancia que separa a los periodistas de los admiradores.
La acusación
La profesora Claudia Lagos, coordinadora del Programa Libertad de Expresión del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, dijo a Terra Magazine que la fotografía de los periodistas chilenos "es un síntoma más de las prácticas tradicionales de la prensa chilena y del tipo de relación que establece con el poder".
Según la profesora, gracias a una fotografía en un lugar de tanta exposición como la Casa Blanca y al lado de un personaje tan popular como el presidente Obama, se hizo evidente algo a lo que "estamos acostumbrados en Chile: que no exista distancia entre las autoridades y la prensa".
"Los periodistas estadounidenses no podían creerlo, pero aquí, en general, salvo algunos periodistas y medios o espacios de reportajes excepcionales, lo corriente es que la prensa se sienta más cercana a la autoridad que a la ciudadanía", agregó. "Fue llamativo ver en esa imagen a algunos de los rostros más creíbles de la televisión chilena y que son, en teoría, los más críticos hacia las políticas públicas. La salida de protocolo de Obama sinceró las relaciones".
La profesora afirma que el problema en Chile es estructural, pues es muy difícil mantener las distancias con las autoridades si los viajes como éstos son pagados por el Gobierno. "Y si así no fuera, muy pocos medios podrían afrontar el gasto de enviar a sus reporteros. Si eres un poquito más crítico que el resto, al siguiente viaje simplemente no te invitan. Y eso ha ocurrido un par de veces".
"Uno ve manifestaciones de esta cercanía con las autoridades o con los representantes del poder económico justo antes de una conferencia de prensa, cuando los reporteros se tutean con las fuentes y se preguntan por los hijos y la familia. Esa complicidad es facilitada por la cobertura por frentes noticiosos, donde los reporteros tienen un contacto permanente y cotidiano siempre con las mismas fuentes", sostuvo la profesional.
Otras prácticas habituales que menciona Lagos son los viajes pagados por empresas para cubrir eventos publicitarios que luego son presentados como noticias, sin advertir al lector o a las audiencias sobre la diferencia, y aceptar costosos regalos que, en otros países, por norma editorial, se devuelven. "En Chile, los medios no tienen manuales de estilo y comportamiento exigibles a sus profesionales y si los hay, no son conocidos por la ciudadanía y, por lo tanto, es muy difícil que el público pueda reclamar su cumplimiento".
Eduardo Arriagada, profesor en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica, dijo a Terra Magazine que la polémica en torno a la foto con Obama era de formas, pero no por eso menos importante, pues la profesión periodística está hecha de "historia y de formas".
"Desde que oí hablar del tema, sentí mucha vergüenza. Me dio pena que nuestro periodismo, tan provinciano e infantil, quedara expuesto a la luz pública. Y luego cuando vi el video y los codazos, y el despacho de canal 13 en que una periodista afirmaba que había 'entrevistado' a Obama porque le respondió un saludo al pasar, me dio más vergüenza todavía", dijo Arriagada. "Me hubiera gustado que los echaran del Salón Oval por intentar hacer una pregunta más".
El profesor opina que el episodio "refleja muy bien lo que somos" y que abre una gran oportunidad para debatirlo. "Mucha gente piensa: 'Cómo no vas a poder sacarte una foto con una fuente tan popular como Obama'. Es cierto. Yo mismo he sido retratado entrevistando a Collor de Melo o a Menem, pero es un registro de mi trabajo. Lo que ocurrió aquí fue que los periodistas se pusieron delante de la noticia. Son el objeto de la imagen. Ahí se rompió el rol. Para mí, más que un asunto ético, este es un tema estético. El periodista no sólo debe ser independiente. También tiene que parecerlo".
Arriagada afirma que lo ocurrido con los reporteros es como si los policías se tomaran fotografías con los personajes que les toca custodiar mientras están en funciones.
"Es un reflejo de por qué los diarios hoy están en crisis. Un buen artículo sobre la guerra en Irak cuesta 40 mil dólares. Si uno quiere hacer buen periodismo y no quiere andar detrás del soldado norteamericano, tiene que tener una casa segura, contratar a tres o cuatro guardaespaldas. El periodismo de verdad es caro", sostuvo Arriagada. "En Chile, no hay posibilidad de gastar esa plata. No tenemos un volumen de medios que permita que la gente viaje por su cuenta para cubrir las giras presidenciales. Sale más barato irse con la presidenta. Pero eso no justifica hacerse amigui de la Bachelet y tomarse una foto poniéndole las manos sobre los hombros, como ocurrió".
Según Arriagada, otro aspecto sorprendente es que en la fotografía aparezcan periodistas destacados, de los medios chilenos más serios, junto a rostros de la televisión, "como Fernando Paulsen, el más norteamericano de los periodistas chilenos, quien nos da lecciones sobre la manera correcta de ejercer el periodismo. Es mejor que haya sido así, porque muestra lo que somos".
La defensa
La noche del domingo 28, durante la transmisión del programa Tolerancia Cero, uno de cuyos conductores es Fernando Paulsen, éste fue compelido por sus colegas a pronunciarse sobre la foto. Paulsen afirmó que hubo ¿un exceso de entusiasmo¿ en la delegación chilena y que si bien la crítica es "pertinente", le ha parecido "exagerada".
"Cuando Fox News, que inventa noticias, afirma que los periodistas chilenos perdieron objetividad, me parece ridículo", dijo. "Los conflictos de interés que hay en la prensa chilena son mucho menos obvios que eso y mucho más graves".
Amaro Gómez-Pablos, en entrevista con Terra Magazine, afirmó que la crítica a los reporteros plantea "un falso dilema".
El profesional expresó que: "No sé qué mayor evidencia de independencia pueden pedirnos (después de haber roto el protocolo para hacerle a Obama la pregunta sobre el involucramiento de la CIA en el golpe de Estado de 1973)". Gómez-Pablos afirmó que después de esa "pregunta durísima", el presidente Obama supo distinguir los momentos y aceptar, sin molestarse, una fotografía con los reporteros, fuera del rol entrevistado-entrevistador. "Obama y Bachelet no se agraviaron por la pregunta. Lo suyo no sólo fue un gesto de calidez, sino que un acto democrático", dijo.
La crítica planteada por los periodistas estadounidenses, en cuanto a que los chilenos abandonaron su papel de periodistas para tomar el de fans, expuso, según Gómez-Pablos, "un dilema absurdo y falso", que apunta a un aspecto meramente "formal".
"Los periodistas estadounidenses, hace no mucho, hicieron un mea culpa colectivo por avalar la guerra con Irak, que se inició bajo falsos pretextos y en la que murieron 500 mil personas. Ellos tuvieron que admitir que no hicieron bien su trabajo. No tienen estatura moral para criticar falta de objetividad".
Además, agregó, "me consta que los mismos que nos criticaron tienen sobre sus escritorios fotografías con presidentes y líderes mundiales. Y yo no pongo en duda su independencia por ello".
El domingo, en el diario El Mercurio, cuya reportera también apareció retratada junto a Obama, el columnista Carlos Peña, sostuvo que "uno de los desafíos del periodismo es que debe relacionarse con quienes ejercen el poder (de otra manera habría información que quedaría fuera de su alcance); pero, al mismo tiempo, hacer su escrutinio crítico (esta es una de las razones por las que se considera que un periodismo independiente es básico para la salud de la democracia)".
"Para lograrlo", dijo Peña, "el periodista no debe olvidar que políticos, funcionarios y personajes públicos son el objeto de su oficio y no el destino de sus sentimientos".
La foto mostró, en opinión del afamado columnista, "cuán fácil es dejarse anestesiar, cuántas tentaciones aparecen en el camino, qué fácil es asimilarse siquiera en el breve lapso de lo que dura una foto. Por eso, el problema no es la foto, sino lo que ella involuntariamente evoca: la abundancia de conflictos de interés y tentaciones con que en Chile tropieza el oficio de periodista".
Peña, de profesión abogado, hizo un listado de aquellas tentaciones, entre las que mencionó las siguientes:
-Los viajes pagados por las fuentes, como ocurre en las giras presidenciales,
-Políticos que hacen de panelistas y ejercen de amigos de aquellos que comentan su quehacer,
-Políticos que forman parte de directorios o consejos en la prensa escrita,
-Candidatos presidenciales que son dueños de medios,
-Medios que postergan, luego de dos o tres conversaciones, la emisión de programas como uno anunciado por Canal 13 sobre los parlamentarios,
-Periodistas que hacen de ghostwritter (escritores ocultos) de políticos.
-Preferencias editoriales que no se revelan pero que influyen (un pecado de todos),
-Obispos que llaman a los canales (y éstos los escuchan).
De los conflictos de interés que se presentan en todas las profesiones, los de la prensa son los que tienen "repercusiones sociales más dañinas", dijo Peña. "Cuando los periodistas hacen de fans, de subordinados de quienes deben vigilar, de amigos o de perdonavidas, lo que se triza es la ilusión de los ciudadanos de que al mirar la televisión, abrir el diario o escuchar la radio se asomaban siquiera un poco, como dice un eslogan por allí, a la verdad de los hechos". Ese es el dilema.
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