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AFP
Para la columnista, además de las Olimpíadas de Pekín, 2008 traerá para China otra "competencia de intereses nacionales".
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Maria Alice Rocha
Pernambuco, Brasil
2008 no comienza distinto de los años anteriores en lo que se refiere a las preocupaciones de la cadena textil con la fuerza del dragón chino. Específicamente en Europa, todos los acuerdos respecto de cotas de importación de productos textiles chinos terminaron mientras los fuegos artificiales iluminaban los cielos.
Hace mucho que se sabe de la fragilidad de la industria de la indumentaria en las más diversas partes del globo que no se localizan en Asia, ni más precisamente en China continental. Mientras China tiene como estrategia convertirse en el más grande (y único) abastecedor consistente de materiales y productos textiles, Europa (y el resto del mundo) lucha para que sus parques fabriles no se conviertan en territorios fantasmas.
Tradicionalmente la industria de la confección es una de las industrias de transformación que emplean más mano de obra. Los salarios de los chinos son extremadamente competitivos y el Estado chino pone mano de hierro para definir las políticas industriales, comerciales y laborales, lo que los hace imbatibles.
Mientras en el resto del mundo los motivos alegados para resistirse al gigante son diversos, desde la peocupación por la pérdida de empleos hasta la necesidad de stocks estratégicos. Ante esto, a pesar del rótulo de "libre comercio" algunos países y bloques económicos imponen barreras para posponer por algun tiempo la libre competencia.
A partir del 1° de enero, todas las salvaguardas establecidas en junio de 2005 fueron retiradas, y se introdujo un sistema de observación mutua entre China y Europa por un período mínimo de un año. Los resultados serán evaluados al finalizar el primer trimestre de 2008, y si hubiese un flujo exorbitante de remeras o pantalones chinos, por ejemplo, el sistema posee el poder de reaccionar e imponer nuevos límites de importación.
En enero de 2005, cuando se extinguió el acuerdo Multi-fibras, la Unión Europea vivenció la fuerza de los asiáticos. Hubo una invasión inmediata (y casi instantánea) de productos textiles e indumentaria en los comercios europeos, siendo China responsable por el 47% de los productos en circulación en Europa en menos de un mes. Pocas empresas europeas lograron superar esta etapa.
Este año aún no se sabe exactamente cuál será la franja de mercado que sobrevivirá en la Comunidad Europea con sus industrias locales. La verdad, se espera nuevamente una avalancha de productos baratos, seguida de un terremoto en las empresas aún en actividad del sector. Países como Francia, España y Portugal son algunos de los pocos miembros de la Unión Europea que intentan que su industria textil y de confección sobreviva.
Al mismo tiempo que se extinguen las barreras, el debate se reinicia. Por el momento la discusión gira en torno de la necesidad de protección de mercado para la industria local que no sea pura y simplementa una cota, sino que tenga en cuenta algunas reglas sociales y ambientales. Para muchos de los involucrados, China precisará acordar con la Unión Europea un sistema de co-responsabilidad para que la transición del parque fabril tenga lugar en una forma menos violenta.
Por ejemplo, se discuten nuevas formas de indicar en las etiquetas de las prendas el origen de fabricación. Actualmente, se coloca únicamente la información de la última fase de producción, sea ésta el montaje o la terminación. Esta búsqueda de transparencia y seguimiento de ubicación geográfica de la producción podrá tener implicancias positivas no sólamente para la recaudación de impuestos, el balance del empleo y el control de calidad, sino también un sesgo cultural e ideológico desde el punto de vista del consumidor.
Es posible que en breve las etiquetas de las prendas y los productos textiles que circulan por Europa sean más grandes y exactas. La información referente a todas las etapas de la cadena textil, que transformó la materia prima en producto terminado deberán ser indicadas, desde el hilado y el tejido, hasta la confección y terminación, pasando por los componentes, embalajes y accesorios, hasta llegar a la fase final, cuando llega al consumidor.
Con esto se espera conseguir regularmente algo que los artesanos italianos ya han utilizado como estrategia de defensa contra la competencia extranjera. En un movimiento de auto-certificación, los miembros de un consorcio de productos del sector del cuero utilizan una etiqueta "Centopercentoitaliano" (100% italiano) para los productos enteramente concebidos y realizados en suelo italiano.
A pesar de ello ya es común encontrar en las etiquetas de los productos a la venta en tiendas de departamentos o grandes minoristas europeos, información como, por ejemplo: Diseñado en Francia, fabricado en Marruecos.
Los vientos indican que además de las competencias deportivas que se esperan en Pekín para mitad de año, otra competencia de intereses nacionales -y regionales- seguirá en paralelo, aunque más disimulada. La información sobre el histórico de los productos tiende a convertirse en cada vez más clara para el consumidor, en lo concerniente a su origen e imagen que se tiene de esta posición geográfica.
Posiblemente, cada país o región tratará de mostrar cada vez más los beneficios de adquirir un elemento que tenga su origen discriminado. Por otro lado, los medios podrán denunciar con más firmeza situaciones de producción que exploten seres humanos o que degraden el medio ambiente. Suena a lucha de titanes, o mejor dicho, de dragones.
Una vez más, será el consumidor quien tenga que decidir lo que debe o no entrar en su guardarropa.
Terra Magazine
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