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EFE
Ecuador vive horas de reflexión de cara al referendo.
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Orlando Pérez
Quito, Ecuador
Todas las encuestadoras coinciden: el SÍ en el referéndum de este domingo superaría el 50% de los votos y con ello Ecuador aprobaría su vigésima Constitución en lo que lleva de historia republicana desde 1830. Al mismo tiempo, el presidente Rafael Correa aseguraría su cuarto triunfo político en lo que va de su corta carrera, que no supera los tres años.
Asimismo, este domingo culmina uno de los procesos electorales más polarizados entre los extremos ideológicos del Ecuador, donde se han debatido posiciones que van desde la oposición radical a cualquier garantía para el aborto y el matrimonio homosexual, hasta la defensa del Estado como ente regulador y una mayor participación ciudadana en la gestión pública. De hecho, en esta contienda participaron las iglesias católica y evangélica.
La diferencia está en que en una sola ciudad, Guayaquil, hay posibilidades de que gané el NO y es precisamente la opción más popular y en la que se asientan los líderes de la tradicional derecha ecuatoriana, que han hecho de esta urbe su centro de acción opositora al régimen de Rafael Correa.
Los datos de tres encuestadoras (Cedatos-Gallup, Informe Confidencial y Santiago Pérez Consultores) le dan más del 50% al SÍ, con lo cual Ecuador aprobaría su vigésima Constitución, considerada por el Gobierno como la más participativa y democrática y la que rompe con un pasado de sometimiento a los poderes económicos y sociales. "Con la nueva Constitución no solo se deja atrás un pasado de inequidad e injusticia, sino que se generan nuevos procesos de participación y de una mayor responsabilidad estatal frente a la ciudadanía, por lo que es una ventana al futuro", dijo el presidente de la Asamblea Constituyente, Fernando Cordero, institución que fue la encargada de elaborar la nueva Carta Política de Ecuador.
En todas las encuestas, el NO no supera el 35% y es el voto que han impulsado los sectores políticos de derecha, las cúpulas de las iglesias, algunos movimientos populistas y uno que otro ecologista. Para estos grupos esta votación no solo que rechaza el proyecto de nueva Constitución por considerarlo concentrador de poder, centralista, extractivista en el campo minero y que favorce el aborto y el matrimonio homosexual, sino que es un castigo a la gestión de Correa, "a su autoritarismo y afanes de perpetuarse en el poder", como dijo su principal oponente, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, quien ya fue dos veces candidato perdedor a la presidencia por el derechista Partido Social Cristiano.
Para los analistas y encuestadores el voto de los indecisos será el determinante: "Un 20% de indecisión puede definir un crecimiento clave a favor del SÍ, porque la tendencia apunta que esos votos le darán un triunfo determinante a Correa. Sin embargo, tradicionalmente en Ecuador la votación de los indecisos se define, muchas veces, en el acto de votar. Por tanto, todavía es una sorpresa hacia donde se incline la balanza", comentó Santiago Pérez, de la consultara del mismo nombre.
El encuestador Hugo Barber, de Pefiles de Opinión, la decisión electoral está dada: ganará el Si, con más del 50%, en el mejor de los casos bordeando el 60%, con lo cual se asegura el triunfo de una corriente de cambio que en el Ecuador que se viene imponiendo desde hace diez años para acá y con más fuerza con la presencia de Rafael Correa en el escenario político. O sea, después del derrocamiento de Lucio Gutiérrez en abril de 2005.
Para estos analistas y encuestadores, entre ellos, el estadounidense Ralph Murphine, quien ha trabajado en Ecuador desde hace 17 años y ha sido asesor de algunos dirigentes norteamericanos, en este país sudamericano no hay una definición ideológica del electorado sino un comportamiento que responde a las respuestas de los dirigentes y líderes políticos en su gestión administrativa. Eso explica ahora, dice Murphine, que Correa tenga un fuerte apoyo porque empezó demostrando que lo que decía cumplía y en su Gobierno ha ido ejecutando planes y programas de beneficio popular que hacen que su voto sea duro y decidido, aunque en esta campaña del referéndum hubo una fuerte disputa ideológica que bien puede modificar el comportamiento de pequeños grupos.
De hecho, la promesa central de la campaña electoral de Correa, en octubre de 2006, fue la realización de una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución. Y para ello realizó una consulta popular en abril de 2007, que la ganó con un 82% de los votos y en septiembre del año pasado ganó con el 75% de los votos, 80 de los 130 puestos para asambleístas.
Por tanto, este domingo se advierte un nuevo escenario político, que para muchos se parece al de Bolivia, pues solo en la ciudad de Guayaquil se preve un rechazo al referéndum aprobatorio de la nueva Constitución y el alcalde de esa ciudad amenazó con no someterse a los mandatos de la Constitución, pues en la misma se incluye un artículo que garantiza el derecho a la resistencia.
Si gana el SÍ, como indican las encuestas, el Gobierno de Correa se prepara para una nueva etapa pues la Constitución señala que se llamará a elecciones el próximo año para renovar todos los puestos de elección popular, con la diferencia que para presidente de la República ahora hay la oportunidad para la reelección.
Asimismo, la nueva Constitución crea dos nuevas funciones del Estado: la electoral y la de participación y control social. Según los opositores, con estas funciones y todas las atribuciones se consolidaría un poder total para Correa. Mientras los defensores de la nueva Constitución señalan que se abre un espacio para la participación ciudadana, pierden control los partidos políticos y se garantiza un ejercicio democrático de mayores responsabilidades públicas.
Sin llegar a enfrentamientos violentos y con víctimas, esta disputa electoral ha sido una de las más complejas porque se ha debatido de todo el contenido de la constitución, pero con un fuerte acento en los temas de convicción personal, como el aborto, el matrimonio homosexual o que el nombre de Dios esté por debajo de la Pacha Mama, la naturaleza en quichua. Eso dio lugar a una presencia activa de las cúpulas de las iglesias católica y evangélica y a los grupos Pro Vida que en el mundo luchan contra el aborto y la homosexualidad.
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