
Alejandra Matus
Terra Magazine entrevistó a Marco Enríquez-Ominami en enero de este año por su campaña extravagante e inusual: el diputado cineasta lanzaba su candidatura a la Presidencia de Chile, apenas cumplidos el límite legal de 35 años con un video en youtube y con un porcentaje de apoyo en las encuestas igual a cero. Siete meses más tarde, hasta las más conservadoras de las empresas de sondeo le dan al menos un 14 por ciento de las preferencias entre los votantes. Quizás insuficiente para llegar a La Moneda, pero bastante para desestabilizar la predecible política chilena.
¿Qué pasó en estos siete meses? ¿Cuál es la clave de su ascenso?
Nunca compartí los apelativos de "fenómeno"o "inusual" respecto de mi candidatura. Siempre supe que era competitiva. Nunca lo dudé. Lo que sí concedo, es que nunca pensé que el reconocimiento a nuestra competividad iba a ser tan rápido. Para decirlo en castellano: yo creí que en septiembre íbamos a enfrentarnos a los 14 puntos que nos da hoy la encuesta CEP. Ese era mi sueño, pero lo cumplimos mucho antes.
¿De dónde nacía esa convicción?
Cuando salí electo diputado, acostado a las 4 de la mañana junto a la Karen (Doggenweiler, conductora de televisión, su esposa), me quedaban cuatro horas para dormir, pero le pedí que nos detuviéramos a analizar por qué había sacado tantos votos. Le dije: "Es porque soy buen mozo, un genio, el candidato perfecto; o es porque la gente me utilizó". Mi conclusión fue que la gente votó en contra de algo más y no a favor mío. La segunda, fue que había un mandato de innovación. Ese mandato es el que encarnó también la Presidenta Bachelet.
Eso hace que en octubre de 2008, unos quince diputados díscolos (militantes de la coalición gobernante, que desafiaron la agenda legislativa del Gobierno) nos sentemos en la cafetería del Congreso y armemos un decálogo con nuestros planteamientos. La reacción de las elites contra este grupo fue brutal. Descubrimos que teníamos un divorcio esencial con ellas, no respecto del futuro, sino de cómo leíamos el presente. Mi conclusión fue: aquí sí que hay un espacio para construir en serio. Los chilenos están pidiendo a gritos innovación y sacrificio. Por eso creo que somos competitivos. Siempre lo creí y siempre lo supe.
¿A quién representas usted? ¿Cuál es su pueblo?
Yo represento cosas que son muy complejas y algunas contradictorias entre sí, pero que, hasta ahora, conviven armónicamente. Ese es mi desafío: liderar ese conjunto de reclamos, nihilismo, y enojo.
Lo vi en mi propia elección a diputado. Mucho voto que en anteriores elecciones era nulo y blanco votó por mí. Parte de mi electorado, es uno que tradicionalmente escribe poemas sobre el voto.
Electores rabiosos.
Nihilistas, para decirlo de un modo más elegante. El que no cree en el voto, el que no cree en nada.
¿Qué le está diciendo para representarlos?
Mi formación de licenciado en filosofía, por mediocre que sea, me permitió comprender un par de cosas importantes. Una de ellas, es el ideal de autenticidad. Yo soy auténtico y eso la gallá lo valora. Digo: Esto quiero, esto no quiero. Me voy a entender con los partidos, no con estos dirigentes. Sobre unos temas tengo posición fundada y plan, en otros estoy pendiente. Tengo debilidades y contradicciones y las develo.
¿Por qué saltó del mundo cinematográfico al político? ¿Cuál es su motivación?
Esta es una sociedad muy de clase. Yo veo a mis hijas enclaustradas en un barrio, condenadas entre dos malls, sin ninguna curiosidad por lo que ocurre más allá. La segregación en Santiago es cada vez peor, el límite que produce la (autopista) costanera norte es cada día más dramática. Tengo la convicción de que la educación es todo y me gustaría que los hijos de todos los chilenos tengan la misma educación que los hijos de diputados.
¿Qué tipo de educación?
Pública, desmunicipalizada, con menos alumnos por aula, volver a confiar en los profesores.
¿Pública, centralizada, bajo la tutela del Ministerio de Educación como pide la izquierda?
No. Creando corporaciones de desarrollo educativo, por territorio, financiadas por el Estado. La nueva Constitución que estoy redactando sube a rango constitucional el derecho a la educación pública y le otorga ese deber al Estado. Esto que suena semántico, es de fondo. Es un cambio al concepto del rol subsidiario del Estado (implantado durante la dictadura militar) que saca a la educación del mercado. Lo que no quiere decir que desaparezca la educación privada.
Yo tengo dos hijas y el fin de semana, les leo cuentos y las llevo al cine, pero apenas me las puedo con ellas. Y cuando llega el lunes, le pido al profesor que se haga cargo de ellas 8 horas diarias, de lunes a viernes. En Chile, la mayoría de los profesores atiende a 45 alumnos por aula, 15 de los cuales son de alta vulnerabilidad social. Y a ese profesor, con un sueldo miserable, que no tiene ni un minuto para preparar sus clases, se le dice: ¿No enseña bien, no se puede confiar en él¿. Ahí tenemos una diferencia ideológica. Yo creo que hay que volver confiar en los profesores. Pero eso significa aumentar las remuneraciones, crear la carrera magisterial y bajar los alumnos por curso.
Hice el cálculo de cuánto cuesta pasar de 45 a 30 alumnos por aula y eso tomaría cuatro gobiernos. Mi propuesta es bajar un alumno por aula al año. Yo podría, responsablemente, durante mi gobierno, pasar de 45 a 41.
Así como en el pasado mucha gente votó por Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000) porque veían en él al sucesor de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), hay una generación de ex militantes de izquierda que ven en usted al hijo de Miguel Enríquez (fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionario, asesinado en 1975). ¿Qué significa para usted esa carga de expectativas?
Yo me inspiro en un conjunto de sueños y liderazgos muy nobles, pero no le quiero pedir los sueños prestados a nadie. Ni a Miguel Enríquez.
Esa es mi diferencia con los otros candidatos. Ellos son los portadores de los sueños del pasado. Para ponerlo de manera más cruda: ¿Qué ha dicho la izquierda latinoamericana sobre los transgénicos? ¿Qué ha dicho sobre energía? ¿Qué ha dicho sobre derechos civiles? ¿Miguel Enríquez tuvo posición? Los teóricos te van a decir que la tendría hoy, pero lo importante es que nosotros la tenemos respecto de mis circunstancias. Soy portador de sueños colectivos de futuro. Nuestros propios sueños.
En nuestra anterior entrevista, usted dijo que no respaldaría a Piñera en segunda vuelta
Por supuesto que no lo haré, porque yo voy a pasar a segunda vuelta.
Si no pasara...
Voy a pasar. Si creyera que no voy a pasar estaría haciendo anuncios demagógicos para ganar votos, en la lógica de los candidatos desesperados que segmentan sus discursos: a la izquierda una cosa, a la derecha otra. No. Yo he tratado de seguir una línea coherente. No propongo una revolución, sino una revolución mental.
¿Cuál es?
Revisar por completo el horizonte de los derechos en Chile. Está en mi Constitución. El concepto de familia no puede ser restrictivo y autoritario: padre, madre, hijo. Hoy día, en la realidad es: padre-madre separada, padrastro-hijastro. Propongo una legislación regulatoria sobre los derechos de las uniones civiles entre hétero y homosexuales. Mi padre y mi madre están en los bordes de la actual constitución chilena, porque, aunque llevan 34 años juntos, no están casados. ¿Por qué ellos no están en el centro de la Constitución? La ley de adopciones, por ejemplo, le da prioridad a los matrimonios, segundo a los extranjeros y luego a los solteros o a las parejas no casadas. O sea, para el Estado de Chile es mejor que un niño se vaya a Italia a que una pareja que no casada pueda adoptar.
Los presidentes tienen que establecer prioridades, porque no pueden hacer todo. Cuáles son las tres medidas más importantes de su programa.
Educación, es mi gran sueño. Dos, la política. Terminar con la monarquía presidencialista borbónica que tenemos con cuatro reformas: establecer un semipresidencialismo, incorporando la figura de un primer ministro con confianza parlamentaria; crear un sistema federalista atenuado, en que el intendente sea un presidente regional; reformar el sistema electoral, cambiando el binominal por uno proporcional; y cambiar ley de partidos, creando una supertintendencia que los fiscalice, que las primarias sean vinculantes y obligatorias, y con ley de cuotas de género.
Mi tercer gran campo de reformas, que es la esencial, es hacer una buena reforma tributaria que te permita recaudar más, sin desordenar una economía que tiene que volver a crecer, con tres grandes ejes: subir los impuestos al alcohol y el tabaco; aumentar el impuesto específico a la minería del 3 al 8 por ciento; subir el impuesto a las empresas del 17 por ciento al actual, al 25 o 30 por ciento, y bajar el impuesto a las personas.
Todo lo demás puede esperar.
No, todo lo demás es relevante también.
Pero en cuatro años será difícil cumplir con todo.
Una buena reforma tributaria que nos permita recaudar más al servicio de una política distinta, teniendo como norte la educación, es un tremendo cambio en el país. Esa es mi gran reforma: la educación como norte, la política como método y la reforma tributaria, para financiar lo anterior.
Si usted cumple estas tres promesas se va a enfrentar a los empresarios, a la clase política y a la Iglesia. ¿Cree que podrá gobernar con esas fuerzas en contra?
Completamente. La primera pregunta es si los chilenos van a ser escuchados alguna vez.
Pero algunas de esas cosas se han intentado en estos 20 años de democracia y no se han concretado por la oposición de los llamados poderes fácticos.
No es cierto. Las elites políticas las han bloqueado. ¿Por qué no se legisló sobre el divorcio entre 1994 y el 2000? ¿Por qué no se legisló para que los hijos nacidos fuera del matrimonio tuvieran los mismos derechos que los otros en ese mismo período? ¿Quién era el Presidente? (Frei Ruiz-Tagle) Dos legislaciones trascendentales para Chile, como la igualdad de los niños y el divorcio, no avanzaron porque había un líder que les puso un freno. Si yo salgo elegido, no va a haber nadie que frene nada.
Como tengo 36 años, voy a alojar en La Moneda. Tengo energía y fuerza para hacer lo que otros no pueden. La prueba es que estoy aquí, contesto el twitter, el mail, el Facebook, sin intermediarios. Yo pongo a disposición de los chilenos esa energía. Si prefieren a alguien de las generaciones anteriores, tienen dos candidatos fantásticos que les ofrecen exactamente lo que han tenido hasta ahora.
¿Tiene un pacto de no agresión con Piñera?
No tengo ningún pacto, ningún acuerdo, ninguna negociación con ningún otro candidato, más que con todos los chilenos, para generar un gobierno que sea una nueva mayoría, desde un nuevo comienzo.
¿Qué opinas del caso del Banco de Talca en cuanto a la posibilidad de que el candidato opositor, Sebastián Piñera, haya usado influencias para liberarse de una acusación judicial?
Gravísimo. Eso tiene que ser aclarado. Los chilenos tenemos hambre de verdad en dos temas: si estuvo o no estuvo fuera del alcance de la justicia en el tiempo que estuvo imputado (en los años 80), y si utilizó influencias para sacarse el caso. Ahora, la situación es compleja porque el juez que estuvo a cargo del caso fue sacado de la Corte Suprema por sus propios pares, acusado de corrupto; la ex ministra de Pinochet que hizo la denuncia fue parte del sistema que rechazó todos los recursos de amparo que se presentaron por los casos de violaciones a los derechos humanos, y el afectado, dice que en esa época no había justicia.
Pienso en mi abuela Raquel Espinoza, la madre de Miguel, quien hasta 1996, cuando ella murió, lloraba a mares porque la justicia nunca le dio las respuestas que pidió y ahora, en el 2009, por una razón electoral, ¿hay un candidato que recién dice que no confiaba en la justicia, porque éramos víctimas de la opresión? Me dan ganas de decir: ¡No nos tomen el pelo!
Ahora, yo estoy seguro que en este caso lo que hay es colusión entre ambas candidaturas. Hacen como que pelean, pero descubrimos que en ese tiempo los voceros de uno (Frei) eran los abogados del otro (Piñera). O sea, hay una colusión explícita. Quedan 16 semanas de debate y llevamos dos semanas en este debate falso, porque empezamos a darnos cuenta de que son lo mismo.
Cuesta mucho ver las diferencias entre ambos: ambos están ligados de alguna manera al caso del Banco de Talca, ambos son demócratacristianos, ambos tienen un obispo que los defiende, ambos tienen a un joven de la ONG Un Techo para Chile encargado de su comando, ambos son accionistas, ambos estuvieron con el golpe, ambos dicen que no se requiere reforma tributaria, ambos descubrieron hace tres meses que existen las minorías sexuales, ambos acaban de reconocer que el tema del aborto, en realidad, es un tema que hay que debatir. Te acabo de decir así, sin concentrarme, nueve coincidencias sustantivas. Juguemos a encontrar una diferencia.
Si saliera elegido Presidente, ¿tiene equipo para gobernar?
Tengo equipo y criterio. El criterio: los más capaces y audaces, que suscriban mi propuesta. El equipo: miles de postulantes. Los cuadros no están solamente dentro de los partidos.
Su pronóstico para la elección.
Vamos a pasar a segunda vuelta.
Con cuánto.
No sé, pero lo que yo he aprendido de marketing político, es que al leer las encuestas las cifras no son lo importante, sino la dinámica de esas cifras. Todas confirman lo que ha venido sucediendo desde hace siete meses: dos candidatos bajan y uno sube. Y eso es todo lo que importa. Mis propios amigos, cuando llegué al cuatro por ciento, me decían: alcanzaste tu techo. Cuando subí a 8 por ciento, decían: es el techo. Ya con 20 por ciento (que le dan algunas encuestas), dijeron: No, ahora sí que llegaste a tu techo. Y acabo de saber ayer que aumenté otro punto. La dinámica ascendente hasta ahora se mantiene. Cuando se detenga, te diré si tenemos algo que corregir. Por el momento, la única receta ha sido hacer las cosas de manera noble y auténtica, develando nuestras debilidades y contradicciones, respondiendo todas las entrevistas, caminando sin guardaespaldas. Si mantengo ese vector, estoy seguro de que pasaré a segunda vuelta.
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