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AFP
En Perú comienza un paro de 72 horas, que retoma el que originó la asonada que costó 34 vidas. En la foto, indígenas con el primer ministro, Yehude Simón.
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Paola Ugaz
Lima, Perú
El pasado 5 de junio en Bagua, se enfrentaron peruanos contra peruanos y se produjo la mayor cantidad de policías muertos, unos 24, en toda la historia republicana, así como la muerte de diez nativos y que se hayan herido 200 personas en la parte urbana y rural de Bagua, según informó la Defensoría del Pueblo.
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De acuerdo a esta entidad, el único desaparecido corresponde al mayor de la policía, Felipe Bazán y que tras 39 visitas a las comunidades amazónicas mas alejadas, "no se puede hablar de genocidio en Bagua".
Por un lado, se encuentran los 24 policías que fueron asesinados a mansalva por los indígenas en la estación número 6 del oleducto -en el que se traslada el petróleo de la selva a Lima- y que no fueron auxiliados por miembros del ejército, porque éstos estaban formados por unidades de soldados que procedían de las etnias aguaruna-huambisa.
Y por el otro, los diez muertos de las comunidades indígenas y las decenas de heridos, entre nativos y desafortunados transeúntes que sucumbieron a las balas que llovieron como flechas, ese nefasto 5 de junio.
Terra Magazine viajó a Chiclayo, ciudad donde en dos de sus hospitales, fueron internados la mayoría de heridos de gravedad tras la asonada indígena en Bagua y se encontró con un cuadro desolador: que la mayoría de heridos de gravedad no pertenecían a ningún lado del conflicto, eran ciudadanos que vivían en Bagua, y que fueron baleados de pura casualidad el pasado 5 de junio.
La profesora y activista social, Yolanda Díaz explicó a Terra Magazine que en la noche del "Baguazo" se enteró que a la mayoría de heridos de gravedad iban a ser internados en Chiclayo ¿ciudad de la que es oriunda- y de inmediato se comunicó con las organizaciones sociales vinculadas a la Iglesia con las que trabaja hace mas de 20 años.
Díaz se volvió así en el angel de la guarda de los 16 heridos de gravedad internados en Chiclayo -entre los que se encuentra el líder indígena, Santiago Manuin- porque organizó a un grupo de 12 personas "para canalizar los apoyos económicos y poder atender a todos lo mas rápido y eficazmente posible".
Entre los heridos con casos mas complicados estaba una niña de 7 años, con una bala en la columna; un nativo con una bala que le atravesaba la mandíbula; un joven de 19 años, al que han amputado la pierna por encima de la rodilla y el líder indígena, Santiago Manuin, quien tiene ocho orificios en el estómago, producto de cinco balazos.
"Los heridos y sus familiares no tienen dinero para costear las operaciones y la estadía por un mes fuera de su ciudad natal en una ciudad que les es extraña. Siempre estamos haciendo actividades para recolectar sangre y dinero", explicó Yolanda Díaz.
"Suplimos las carencias mas básicas de los heridos como pijamas, colchones, cobijas, ropa diaria, así como buscamos alojamiento y comida para el familiar que les acompaña", añadió, al tiempo que denunció la discriminación social y racial que recibe el nativo en Chiclayo.
Los heridos reclaman también un mayor respeto a su calidad de enfermos, porque cada día afrontan largos cuestionarios elaborados por los investigadores de la policía, en su búsqueda de encontrar los culpables de las muertes de los policías durante la asonada en Bagua.
Tampoco les hace bien a los enfermos, que los directores de los hospitales donde están internados elaboren facturas con los gastos que originan su internamiento, aún sabiendo que éste se encuentra subvencionado por el Estado.
Díaz refirió además que "esta ola solidaria" no se ha detenido porque donde va, le preguntan por los heridos internados en el hospital, hecho que aprovecha para solicitarles ayuda material en sangre o en ropas, así como ayuda monetaria.
En tanto, entre los policías, las heridas no terminan de cerrar porque nadie en el gobierno de García se ha responsabilizado políticamente por los 24 muertos en Bagua, hecho que ha causado que un grupo de policías con capuchas completas en la cara, hayan anunciado "un paro policial de brazos caídos" solicitando un aumento de sus sueldos que no se da hace 20 años y el derecho a la sindicalización.
Incluso, la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, le ha trasladado toda su responsabilidad funcional al Comando de la Policía y se ha declarado inocente de todo, lo que ha vuelto muy poco querida entre los policías de bajas graduaciones.
Paradójicamente, los policías de alta graduación decidieron condecorar a la ministra del Interior con la medalla conocida como el "corazón policial".
Se espera que la crisis política culmine en Perú con el nombramiento del sucesor del primer ministro, Yehude Simón, tras la culminación del paro nacional de 72 horas que empieza hoy.
Terra Magazine