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Tras las puertas de la cárcel femenina de Santiago

Alejandra Matus/Terra Magazine
"A veces me dejan entrar tres naranjas solamente. ¿Quién puede aguantar una semana con sólo tres naranjas? La fila es tan larga y se demoran tanto en revisar, que a veces entro y tengo que irme"

Alejandra Matus
Santiago, Chile

Un día de visitas cualquiera, cientos de mujeres, niños y unos pocos hombres hacen fila para entrar al Centro Penitenciario Femenino de Santiago, cargando bebidas gaseosas y bolsas plásticas repletas de comida.

El olor a pollo asado y papas fritas inunda el patio en el que esperan ser revisados para entrar al penal, a sabiendas de que parte del contenido será devuelto por los gendarmes. "A veces me dejan entrar tres naranjas solamente. ¿Quién puede aguantar una semana con sólo tres naranjas? Yo sola, de una sentada, como más que eso", se queja una mujer en la fila. "La fila es tan larga y se demoran tanto en revisar, que a veces entro y tengo que irme altiro", agrega.

En el CPF de Santiago hay recluidas 2.019 mujeres. Más del doble de la capacidad máxima de ese penal: 890 internas. Tantas remodelaciones y ampliaciones se le han hecho para albergar a más reclusas, que los jardines y patios interiores han desaparecido y ya nada evoca en él la imagen del convento que fue hasta mediados del siglo pasado. Sólo desde octubre pasado a la fecha, la población se ha incrementado en 226 mujeres, "por lo que hay un considerable hacinamiento", según menciona el informe evacuado en junio de este año por la fiscal judicial Carlina Figueroa y al que Terra Magazine tuvo acceso.

Gendarmería de Chile no cuenta con detector de metales ni instrumentos modernos de seguridad. Para evitar que las visitas ingresen sustancias prohibidas o armas, las mujeres que ingresan a ver a sus parientes deben levantarse el sostén y mostrar sus pechos desnudos a las gendarmes, paradas de a dos, en cubículos abiertos y sin puertas, en el pasillo de ingreso al penal. También deben bajar sus calzones y pantalones hasta las rodillas y encuclillarse para que las funcionarias puedan observarle los genitales. Finalmente, sacuden los zapatos frente a las funcionarias que luego les palparán la ropa y los bolsillos. Todo en presencia de los niños que las acompañan.

Como autorización para ingresar al penal, los funcionarios que custodian el recinto estampan un timbre redondo en la muñeca y un sello indeleble sobre la mano de las visitas.

Terra Magazine cumplió con el humillante trámite, por el que pasan habitualmente las familiares de las presas, con el fin de entrevistar a las internas sobre sus condiciones de reclusión.

Un tarro

Dentro del penal, en un recinto del tamaño de una cancha de basketball, las presas se reúnen con sus visitas en torno a mesas y sillas plásticas por las cuales pagan un arriendo. Las internas y sus familiares comen, ríen y conversan sentados codo con codo, espalda con espalda.

Una mujer con la cabeza rapada y condenada por homicidio relata a Terra Magazine lo que significa el hacinamiento para ella: "Estamos durmiendo en el suelo y los 9 baños que hay están casi todos malos. Para hacer caca, tenemos que usar un tarro o una bolsa. Esa es la verdad". Como todas las internas entrevistadas por Terra Magazine en esta visita, la mujer pide mantener su identidad en reserva

Según el informe de la fiscal Figueroa, en la sección "Proceso", ubicada en el segundo piso de la construcción original del penal, "los baños y duchas están en muy mal estado y las aguas servidas se filtran a través de la loza, cayendo sobre la cocina y comedor de la sección pabellón que se encuentra bajo ellos, en el primer piso". La fiscal relata que el alcaide solicitó su reparación en marzo, pero que a junio de este año, la situación seguía igual.

Una anciana, condenada por tráfico y venta de cocaína, afirma: "Yo sé que estoy pagando por haber hecho un daño a la juventud. Voy a salir el próximo mes y juro que no me meto más en esto. Pero no es para que nos traten así. Aquí no hay respeto por nada". Según datos oficiales, más del 52 por ciento de las mujeres presas en Chile ha sido enviada a la cárcel por delitos asociados a tráfico de estupefacientes.

La anciana afirma que le apareció una lesión en el abdomen, producto de la diabetes que le aqueja, y que aún no ha sido tratada por un médico.

La fiscal Figueroa anotó en su informe que la enfermería del penal "atiende de 09:00 a 18:00 horas y queda un paramédico de turno para las urgencias". Una matrona, contratada para cumplir 15 horas semanales y un ginecólogo, con otras 5 horas, deben atender las necesidades de las 2 mil mujeres presas.

Aunque la fiscal anotó en su reporte que la comida es adecuada y que está supervisada por una nutricionista, las internas entrevistadas por Terra Magazine se quejan. "La comida es un asco. Hoy había porotos y era un caldo de agua", afirma la condenada por homicidio.

Un poco más allá, una mujer que cumple su segunda condena por tráfico de pasta base, tiene una explicación para ello: "Las cocineras nos venden los alimentos que da el Estado para preparar las comidas: el arroz, el azúcar".

"Nos cortan la luz. No hay agua", continúa la condenada por homicidio. "Y con todo lo que revisan a las visitas, aquí adentro hay cualquier droga. Ud. puede comprar de todo: cocaína, pasta base, marihuana. Las voladas se vuelven loquitas y se agarran a cuchillazos por cualquier cosa".

La reincidente por traficar pasta base se queja también de las drogadictas. "Te roban todo. Hasta la ropa interior".

"En las duchas, el agua sale como un hilito y cuando te estás bañando, de repente se corta y hay que esperar a que vuelva a salir, de sopetón, como un chorro", explica la condenada por homicidio.

El informe de la fiscal Figueroa ratifica su denuncia: "Muchas secciones no cuentan con agua por falta de presión, especialmente en los segundos pisos durante el día. Sólo llega muy temprano en la mañana o en la noche, de manera que no pueden bañarse durante las horas de desencierro. Este problema es serio, porque puede tener graves consecuencias, pues por falta de aseo y de higiene pueden sufrir epidemias y en la actualidad existe el peligro cierto de la influenza humana, ya que en muchas de las secciones del penal hay hacinamiento y falta de ventilación".

El patio

Otra mujer, de mediana edad, reincidente por un delito de narcotráfico, describe a Terra Magazine que el patio en el que pasan el día junto a cientos de reclusas es de tierra y que, cuando llueve, se transforma en un lodazal. Allí, grupos de internas que se apoyan mutuamente ¿las "carretas"- han instalado carpas hechas con trozos de plástico, sábanas y maderas sueltas para guarecerse del frío, pero bajo sus pies, se escurre el agua servida del desagüe del penal, que corre por en medio del patio, inundando el sector con un olor pestilente.

El informe de la fiscal ratifica la descripción de la reclusa: "Los patios de algunas secciones no tienen pavimento en los que se hacen charcos de agua, lo que provoca un olor pestilente, debido a los problemas del alcantarillado".

"En el Patio 1", agrega la funcionaria judicial, "se encuentra pendiente la construcción del cobertizo, aunque según se me informa ya cuentan con el material (¿) Continúa el desagüe en el medio del patio y según explica Gendarmería la falla es mayor, pues ocurre en todo el centro penitenciario, ya que las cañerías y conductores deberían cambiarse; los arreglos parciales no terminan con el problema".

La fiscal Figueroa también anota como una situación "grave" la acumulación de basura. La Municipalidad de San Joaquín tiene programados sólo dos retiros semanales. Para una frecuencia mayor, Gendarmería tendría que pagar y no lo tiene considerado en su presupuesto. La consecuencia es que durante la semana la basura se acumula en un sector cercano a los talleres laborales y detrás del gimnasio en que se reciben las visitas. "Al pasar por el lugar se siente la fetidez que provocan estos desperdicios, lo que sin duda aumenta en época de verano o de calor", relata la fiscal.

"La capitana Aravena nos está cobrando 5 mil pesos mensuales a cada carreta, supuestamente para pavimentar el patio. A la que se niega, la amenaza con cambiarla a una sección más mala", acusa la reincidente por tráfico de pasta base. Ella recuperará la libertad el próximo año, pero tiene un pronóstico pesimista sobre su futuro: "Una vez que caíste presa, la policía te va a buscar a la casa una y otra vez. Si no te encuentran droga, te cargan igual, para mostrar buenas estadísticas", sostiene. "Hace poco cayó presa mi hija. Ahora estamos las dos aquí".

Según datos de Gendarmería, casi el 32 por ciento de las reclusas son reincidentes; el 77 por ciento tiene menos de 35 años; poco más del 45 por ciento ha cursado apenas la educación básica, y un gran porcentaje consume drogas y no tiene una situación familiar estable.

De acuerdo con la información oficial, "en el período 2004-2008 la población femenina privada de libertad registró un 163% de incremento". En el mismo período, la población femenina sujeta a medidas alternativas ¿como reclusión nocturna y libertad vigilada- se incremento en un 276, 8%.

"Este crecimiento conlleva un alza en la demanda por prestaciones penitenciarias, situación a la cual no siempre puede dar respuesta satisfactoria la institución penitenciaria dada las restricciones presupuestarias que son transversales a nuestro servicio", sostiene un documento interno de Gendarmería al que Terra Magazine tuvo acceso.

De hecho, aunque acaba de concluir, aún no se aplacan las consecuencias de un largo movimiento de protestas de funcionarios civiles y uniformados de gendarmería en contra del Gobierno, por los bajos salarios y las extenuantes jornadas laborales, debido a que el aumento explosivo de la población penal no ha sido acompañado por la misma tasa de aumento de penales, ni personal. Para hacer las cosas más difíciles, se queja un alto directivo de Gendarmería, a condición de anonimato, "en este momento, la sociedad no le da mayor valor a la rehabilitación ni a la reinserción de las reclusas, ni al respeto de sus derechos humanos. Lo único que importa es que la gente esté presa".

Duermo en el suelo

Una joven condenada por tráfico de estupefacientes relata que todas las noches duerme en el suelo, junto a un grupo de unas 60 internas. "Dormimos con ropa y abrazadas para darnos calor. Hay algunas frazadas, pero no alcanzan para todas". En las camas, las internas duermen de a dos. "No conozco a nadie que tenga una cama sola", añade la reclusa.

Según el informe de la fiscal Figueroa, la dotación de catres y colchones es "insuficiente". "En un dormitorio, las literas de 3 y hasta de 4 camas en altura, están separadas unas de otras por un espacio de menos de 40 centímetros, lo que impide la normal circulación entre ellas; además no hay ventilación, no se puede hacer bien el aseo y ello es motivo de gran preocupación, ya que en la noche en ese mismo espacio se colocan colchonetas en el suelo para que duerman las reclusas que quedaron sin cama", agrega y advierte de los riesgos que ello implica, en caso de incendio o terremoto.

La muchacha condenada por tráfico lleva más de tres años en la cárcel denuncia la ocurrencia de maltratos físicos y abusos sexuales por parte de los gendarmes que las custodian. "Se supone que deberían cuidarnos sólo mujeres, pero también hay policías hombres. Si nos enfermamos, nos inyectan agua destilada, porque medicinas no hay. Aquí corre la droga y la vende la misma policía (gendarmes). Si nos quejamos nos pegan, nos insultan, nos castigan", acusa.

La implementación del nuevo sistema procesal penal ha significado un aumento de la aplicación de medidas alternativas, como la reclusión nocturna, que, por carencia de centros penales especializados, obliga a mezclar a los beneficiados con la población penal general, aumentando el hacinamiento.

El CPF de Santiago no es la excepción. La fiscal Figueroa sostiene que "en la sección medios libres, pese a tratarse de una construcción recién entregada, en las que hay 125 reclusas favorecidas con los beneficios de reclusión nocturna y salida diaria, los dormitorios de esta sección tienen literas de dos y tres camas, siendo mínimo el espacio entre una y otra. (¿) En estos momentos, hay 22 reclusas que no tienen literas debiendo dormir en colchonetas que se colocan en el suelo".

En la sección de castigo también se produce hacinamiento, agravado por el hecho de que allí llegan las mujeres detenidas durante la noche, a la espera de ser llevadas ante un juez a la mañana siguiente. "En algunas oportunidades, llegan en gran número, lo que hace difícil mantenerlas separadas de las aisladas o castigadas", explica la fiscal. "No existe otra sección en la que puedan pasar la noche, pues a esa hora no pueden abrir secciones en las que ya se ha efectuado el encierro diario y tampoco pueden separarlas según su grado de compromiso delictual, para proteger la integridad física de las mismas".

Por el ejemplo, el del día anterior a la visita de la fiscal, en la sección castigo, que tiene capacidad para 18 personas, había 38 internas. Y las que no tenían cama, debieron dormir en el suelo.

La fiscal anota que, desde su anterior visita, en octubre de 2008, "no se nota gran cambio, esto debido al aumento de población".

"El hacinamiento carcelario al que se ven obligadas las internas por falta de espacio para dormir, recrearse, etc., no permite la rehabilitación a la que tanto se aspira y acarrea problemas de insalubridad", afirma.

La fiscal concluye que: "La calidad de vida de las internas, pese a los esfuerzos de Gendarmería, no se logra mejorar. Es necesario que cada interna cuente al menos con un lugar digno donde dormir, con gimnasios, patios, salas o comedores donde puedan desarrollarse (...) Se requieren más programas de capacitación y trabajo para las personas privadas de libertad. No puede mantenerse a la mayoría de las internas sin nada que hacer".

La fiscal destaca que la solución sería la construcción de un nuevo centro de detención para mujeres. Pero eso no está en los planes ni en el presupuesto de Gendarmería.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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