
Bob Fernandes
Directo desde Pretoria, Sudafrica

Guardias de seguridad pasan detrás de una de las porterías. Rejilla removida en uno de los 19 sumideros del alcantarillado.
Foto Reinaldo Marques/Terra
Esta tarde Brasil enfrenta a los Estados Unidos en el centenario estadio Tswante/Pretoria, el Loftus Versfeld. Los Estados Unidos, que tienen a Al-Qaeda como el gran enemigo en el universo del terrorismo. Hace 12 años, aquí en África -con atentados a las embajadas de EE.UU. en Nairobi, Kenia, y Dar es Salam, Tanzania, Al Qaeda mató a 229 personas e hirió a 5.000 más. Atentados con bomba.
Este miércoles, al perderse más por casualidad que por intención, este bloguero recorrió gran parte de las dependencias del estadio donde los EE.UU. juegan mañana sin identificarse y sin que nadie lo abordara.
Dos equipos de periodistas llegaron juntos al estadio. Con la tarjeta de identificación dada vuelta fue posible entrar al Tswante pasando por sólo un guardia a la entrada. Sin ningún tipo de control electrónico para cajas de metal, bolsas o paquetes.
Dunga daría entrevista una hora después y la selección entrenaría. En esa hora fue posible recorrer, sin ninguna fiscalización o, como máximo, bajo la mirada desatenta de algún empleado, los más recónditos espacios del estadio.
Eso, desde el nivel del césped hasta, en los pisos superiores, las cabinas de emisoras de televisión, salas de la administración, graderías, salas contiguas a los vestuarios, salas y espacios abandonados debajo de las graderías.
Constatada la absoluta ausencia de seguridad menos de 24 horas antes del partido contra los EE.UU., el fotógrafo de Terra, Reinaldo Marques, recorrió, de nuevo, partes del mismo trayecto y publica aquí , además de las fotografías de esta página, una galería con otras imágenes.

Detrás de una de las porterías, algunos de los 46 toneles de basura.
Foto Reinaldo Marques/Terra
Para que no aleguen que sólo periodistas registrados estaban allá, les doy un ejemplo.
El señor X es brasileño, vive en los Estados Unidos, sigue al equipo de Brasil desde el Mundial de 1994. Sin portar ningún registro, X estaba en las graderías cerca de la cancha y, como él, había por lo menos otros dos personajes.
X charló con varios periodistas. Abordado por el bloguero, le contó:
-Nadie me dijo nada, nadie me preguntó nada, fui entrando. Estoy aquí¿
X es un brasileño de paz. Podría no serlo. Ni brasileño, ni de paz.
En un recorrido alrededor de la cancha, a metros de donde se jugará el partido mañana, y a menos de dos metros de las graderías, fue posible contar 46 basureros. De cartón y de material sintético.
Basureros vacíos, agrupados de tres en tres. Basureros que fueron abiertos y revueltos, sin que nadie dijera nada.
Más grave todavía, porque es más difícil inspeccionar a última hora, es lo que parece ser una red de captación de agua de la lluvia.
En sólo dos de los cuatro lados de la cancha hay 19 alcantarillas. Con tapas removibles -como se puede notar en la foto de apertura, arriba- y con un amplio espacio para dejar allí lo que uno quiera.
Como se ve en la foto, dos policías caminan en este espacio. Pasaron junto al bloguero y el fotógrafo en el instante en que movían la tapa y siguieron adelante.
De la misma forma fue posible penetrar en el conjunto de pasillos cerca de la sala donde se realizó la entrevista del entrenador, donde estaban, un auditorio con sillones de tejido y, más adelante, un vano debajo de las graderías.
En este espacio, un conjunto de agujeros, hoyos de muy difícil acceso para la fiscalización. De la misma forma, salas vacías con armarios abandonados y sillas apiladas.

En una sala bajo las graderías, cerca de los vestuarios, muebles en un espacio abandonado.
Foto Reinaldo Marques/Terra
En el segundo piso del estadio, sin ninguna incomodidad, un paseo por los sectores Q y R, P y Q, O y P, y así en adelante. En una sala de la administración que daba acceso a la cancha, puertas abiertas y sólo un mensaje colgado en una tabla: Please Note. No Drink Outside Suite.
Ya es noche en Pretoria, hora de dejar el estadio. El bloguero se pierde del camino una vez más, esta vez estaba con un reportero de otra organización, un periódico. El empleado indica: pueden ir por allí.
El regreso lo hacemos por el sector de las graderías. El estadio está vacío, no hay nadie en el túnel que da acceso a los vestuarios. Sería posible entrar a la cancha. Los reporteros cruzan el Loftus Versfeld hasta el otro lado.
Quien ya cubrió cualquier evento de gran magnitud sabe que no hay seguridad absoluta.
Quien está aquí en Sudáfrica incluso se constriñe al notar fallas tan enormes en la seguridad, en la vísperas de un partido oficial de la Fifa, y de un partido entre los Estados Unidos y Brasil.
Se constriñe porque es visible la excelente intención de recibir bien a todos, la buena fe de los africanos, la credulidad que los lleva a no verificar, chequear, casi nada.
Constriñe porque, para los reporteros, cuanto menos control, cualquier especie de control, mejor. Pero los periodistas no deben pelearse con, ni desconocer a Su Señoría El Hecho.
No es demasiado decir que seguridad no es un problema sólo aquí, en este evento. Quien estuvo en la posesión de Barack Obama, en Washington, sabe que la revisión para el acceso al Mall, en el show de la víspera, fue precaria, casi nula.
Quien estuvo en el edificio en el que había pisos alquilados para la CNN y para otros periodistas, a menos de 700 metros de la Casa Blanca, sabe que la inspección en la portería era nula. Siquiera se verificaban los documentos, mucho menos las cajas de metal y el abrigo para las teleobjetivas.
Mangaung/Bloemfontein tenía mejor seguridad pero, se pudo constatar, todavía así llena de fallas, basta tener en cuenta el porte de eventos como un Mundial de Fútbol o una Copa de las Confederaciones.
Por ahora el deseo de recibir bien y la buena fe son infinitamente superiores a las imposiciones de la razón.
Terra Magazine