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Libros piratas mueven 13 millones de dólares

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Por las calles de Buenos Aires se ecuentran desde los best sellers como El Código Da Vinci hasta los clásicos como El Aleph de Jorge Luis Borges o Bestiario de Julio Cortazar a 5,5 pesos, mientras que en las librerías cuesta 26.

Hernán Reyes Alcaide
Buenos Aires, Argentina

Cuarenta puesteros toman mate. Ponen precio en la primera página. Hay discos viejos apilados. Montañas de revistas que ya superaron su cuarto de hora, y libros, muchos libros colgados de una vara en un techo ficticio. De autoayuda, de ficción, clásicos, best sellers, historia. Todas las categorías. Todas las que están en cualquier librería sobre la avenida Corrientes condensadas en un rectángulo de cuatro metros en el que atiende Néstor. Es el puesto 78, verde, en la feria del Parque Rivadavia. A 34 pesos, dice el cartel, se vende El cuaderno rojo de Paul Auster, editado por Anagrama en España. Diez pesos menos que en las librerías. ¿Es usado? "No, no. Nuevito, recién salido de la imprenta", responde Néstor.

Era nuevo, sí. Lo había conseguido a través de un catálogo en el que figuran 100 libros piratas, copias casi exactas a los originales, para venderlo con un descuento de entre el 20 y el 40 por ciento. Era uno de los dos millones de libros que se falsifican en imprentas legales de la Ciudad de Buenos Aires por año, repartidos en casi 1.000 títulos, que mueven 13 millones de dólares anuales en el mercado pirata. Así afirman las cámaras editoriales y aseguran que esa cifra crece de manera vertiginosa cada mes.

El catálogo lo reparten vendedores clandestinos en los puestos de las ferias y hasta en las librerías más grandes de Capital Federal, como Prometeo y Lucas, sobre la calle Corrientes. Ofrecen a siete pesos El Aleph, de Jorge Luis Borges, edición Alianza, mientras que en las librerías cuesta 26. Bestiario, de Julio Cortazar, editorial Punto de Lectura, a $5,5, que está a 20. Y Padre rico, padre pobre, de Robert T. Kiyosaki, de editorial Aguilar, a $10,50, aunque sale $42.

"El problema es que la falsificación requiere obligatoriamente la complicidad de alguien del sector oficial de la industria. Nosotros detectamos casos de libros puestos en venta antes de que la editorial los lanzara al mercado, o libros que se vendían en los puestos sin las últimas correcciones. Lo que sin lugar a dudas certifica que en algunos de los eslabones de producción del libro se desvía el contenido hacia las imprentas ilegais", reconoce un editor de Planeta, desde sus amplias oficinas con vista a la avenida Independencia. Y asegura que hay una geografía de la piratería de libros: "Los puntos de venta de estas ediciones apócrifas se concentran en su mayoría en los quioscos de diarios del microcentro, especialmente sobre avenida Corrientes, y estaciones de subtes, además de las ferias de los Rivadavia, Centenario y Primera Junta".

La encuesta sobre piratería de 2005 estimaba 1.200.000 ejemplares piratas en el mercado editorial, casi la mitad de lo que calcula la encuesta de este año. Desde la Cámara Argentina del Libro (CAL), una de las dos que nuclea a las editoriales, aseguran que "uno de cada seis libros que circula en el país es falso". Rodolfo Blanco, vicepresidente de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), también habla de cifras: "Ahora, casi el 15 por ciento de los libros que se comercializan son piratas". Y afirma que "este negocio paralelo genera pérdidas a la industria legal editorial de 13 millones de dólares por año". Un editor de Sudamericana, una de las editoriales más perjudicadas porque tiene una causa por condena de piratería en julio de 2007 (ver caso Villata), dice que "además de que nos generen pérdidas directas por competir con nuestros libros, no pagan derechos de autor, ni ningún otro impuesto, y generan un daño enorme a toda la industria".

Las cámaras reconocen que además son más los títulos falsificados. Mientras que en 2005 la encuesta reveló que había 800, en 2008 alcanzó los mil. "Hace unos años el mercado pirata sólo incluía a los títulos de alta rotación, los best sellers de cada temporada, como fue hace unos años El Código Da Vinci. Pero en los últimos años notamos que también se falsifican títulos a los que llamamos de fondo editorial: los de venta lenta pero constantes en el tiempo, como Borges o Cortázar", analiza Marilen Stengel, directora de Relaciones Institucionales de la CAP.

Los editores apuntan a que los avances tecnológicos potenciaron el mercado pirata de libros porque cada vez se notan menos las diferencias entre un libro falso y uno original. "La tecnología que hace crecer al mercado legal se transfiere también al ilegal, que mejora la reproducción de los ejemplares apócrifos", se lamenta Ezequiel Fanego, propietario de Caja Negra editores. "Antes, era claro cuando un libro era pirata. Ahora no. Por lo general, los ejemplares falsificados tienen una menor calidad, papel de menor gramaje (más liviano, parecido a fotocopia), y por eso se venden a un bajo costo", detalla Raúl Carioli, de Prometeo libros.

La única forma de certificar si es una copia pirata es a través de un perito de la Policía Federal Argentina. "Los libros falsificados usan históricamente papel de bajo gramaje, la textura de las tapas es diferente, y el formato del libro falso puede ser más chico, además de que las páginas se despegan fácil por la mala calidad de la encuadernación", explican en las editoriales. Las mayores diferencias, enfatizan, se ven en la calidad de impresión: "Los textos falsificados se escanean y el resultado es una gran falta de definición, con tipografía serruchada en los bordes. En los textos legítimos las letras son plenas, negras con bordes claros". Pero advierten que esas diferencias son cada vez menores y pasan desapercibidas para un público no especializado.

"Primero falsificaron la ropa, y como no estaba en ese negocio, no me importó. Después falsificaron la música, y como no estaba en ese negocio, no me preocupé. Al tiempo piratearon las películas, y como tampoco estaban en ese negocio, no me importó. Pero ahora vienen por los libros, y ya es demasiado tarde para pararlos". Así, parafraseando a Bertol Brecht, describe Blanco la situación.

Caso Villata

La primera condena por un delito relacionado con la falsificación de libros llegó recién el año pasado. La justicia argentina consideró a Ubaldo Bautista Villata responsable penal por haber colocado a la venta el 15 de julio de 2003 en un municipio de la Provincia de Buenos Aires productos con marca registrada falsificada -libros que ostentaban las marcas Ediciones de la Flor, Editorial Sudamericana y Ediciones B. Fue condenado a un año de prisión en suspenso y al pago de las costas. En el fallo judicial quedó demostrada la falsedad de los libros secuestrados, a partir de sus diferencias con los ejemplares salidos oficialmente de las imprentas de las editoriales en cuestión. Y Villata fue condenado por "poner en venta productos con marca registrada falsa con delito de defraudación de los derechos de propiedad intelectual".

Doce meses después de su condena, Villata sigue en actividad. Y los libros que vende siguen siendo copias no autorizadas de los originales. En una visita a su librería Canje Lanús en noviembre, se detectó que tenía a la venta ejemplares del libro El combustible espiritual, de Ari Paluch, con notorias diferencias con la edición que se retiró de la casa matriz de Planeta. Faltaban las solapas interiores, la tapa no presentaba el brillo que la edición original, y el papel, de menor gramaje, era traslúcido. Mientras el original se consigue en librerías a 39 pesos, Villata ofrecía el ejemplar a 22 pesos, que se podían convertir en 17 en una eventual compra al por mayor.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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