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The New York Times
Thomas L. Friedman
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Thomas L. Friedman
The New York Times
Ramallah, Cisjordania -En 2002, el Programa de Desarrollo de la ONU divulgó el primer Informe de Desarrollo Humano Árabe, que detallaba sin piedad los déficit de libertad, derechos de la mujer y creación de conocimiento que retardan el desarrollo del mundo árabe.
Y no faltaron estadísticas alarmantes: Sólo Grecia había traducido cinco veces más libros anualmente del inglés al griego que lo que había sido traducido del inglés al árabe; el PIB de España era mayor que todo el PIB de los 22 estados árabes sumados; 65 millones de árabes adultos eran analfabetos. Era un cuadro perturbador, pintado bravamente por los académicos árabes.
Divulgado después del fatídico 11 de septiembre, el informe fue recibido como un diagnóstico de toda la falta de competencia de los gobiernos del mundo árabe, que crearon una juventud rebelde y desempleada, presa fácil para los extremistas.
Bueno, la buena noticia es que el Programa de Desarrollo de la ONU y un nuevo grupo de académicos árabes divulgó la semana pasada un nuevo Informe de Desarrollo Humano Árabe. La mala noticia es que las cosas empeoraron, y muchos gobiernos árabes ni quieren enterarse.
El nuevo informe surgió del deseo de descubrir por qué los obstáculos para el desarrollo del mundo árabe son tan "resistentes". Lo que los casi 100 autores árabes, que realizaron el estudio de 2009, concluyeron es que muchos de sus ciudadanos carecen hoy de "seguridad humana, el tipo de base moral que asegura la vida, el sustento y una calidad de vida aceptable para la mayoría". Una sensación de seguridad personal -económica, política y social- "es esencial para el desarrollo humano y su ausencia generalizada en los países árabes los impide progresar".
Los autores citan varios factores que actualmente amenazan la seguridad humana en el territorio árabe -empezando por la degradación ambiental- la combinación fatídica de la desertificación creciente, la sequía y la expansión poblacional.
En 1980, había 150 millones de árabes. En 2007, la población de la región llegó a 317 millones y las estadísticas prevén para 2015 que el número llegue a 395 millones. Casi el 60% de esa población tiene menos de 25 años, lo que sugiere que necesitarán 51 millones de nuevos empleos hasta 2020.
Otra fuente incesante de inseguridad en el mundo árabe es el alto índice de desempleo. El informe descubrió que "casi dos décadas y media después de 1980, prácticamente no hubo crecimiento económico". A pesar de la presencia del dinero del petróleo (o tal vez por él), hay una falta flagrante de inversión en investigaciones científicas, desarrollo e industrias de conocimiento e innovación. En vez de eso, dominan los empleos públicos y contratados. El nivel de desempleo en la región en 2005 era del 14,4%, contrastando con los 6,3% del resto del mundo. Mucho de eso se debe a otra fuente de inseguridad humana: los gobiernos árabes autocráticos y sin representación, cuyas debilidades "normalmente transforman el estado en una amenaza a la seguridad humana, en vez de una garantía".
Yo hubiese perdido totalmente la esperanza con el informe si no hubiese ido a Ramallah, la cuna del gobierno palestino en Cisjordania, donde encontré un resquicio de esperanza. Y lo digo en serio.
El conflicto Israel/Palestina significa para Medio Oriente en general lo que las obras de teatro off-Broadway son para Broadway. Es donde se prueban primero las buenas ideas. Bueno, el primer ministro palestino, Salam Fayyad, ex economista del FMI, está probando una de las ideas más interesantes que los gobiernos árabes hayan visto. La apodé Fayyadismo.
El Fayyadismo se firma en la noción básica (sin embargo, rara) de que la legitimidad de los líderes árabes debe tener como base no las consignas, rechazos o cultos a la personalidad ni en servicios de seguridad, sino en presentar una administración y servicios transparentes y responsables.
Fayyad, ex ministro de economía que pasó a ser primer ministro después que el Hamás tomó el poder en Gaza en junio de 2007, es diferente de cualquier líder árabe actual. Es un nacionalista palestino fervoroso, pero su estrategia se resume en decir: cuantas más instituciones de calidad construimos en nuestro estado -financieras, de policía, servicios sociales- más rápido podremos asegurar nuestro derecho a la independencia. Veo esa postura como un desafío al Arafatismo, que se enfocaba en los derechos palestinos primero y colocaba las instituciones del estado en segundo lugar, y terminaba sin poder ofrecer ninguno de los dos.
Las cosas están realmente mejores en Cisjordania, gracias a la combinación del Fayyadismo, la seguridad palestina mejorada y la mejora de la policía de fronteras en Israel. En 2008, aproximadamente 1.200 empresas se registraron en Cisjordania. En los primeros seis meses de 2009, ese número ya está en 900. De acuerdo con el FMI, la economía de Cisjordania debe crecer un 7% este año.
Fayyad, famoso aquí por su honestidad, dice que su abordaje es "decirles a las personas quién es usted, qué se propone, qué pretende hacer y de hecho, hacerlo". Cuando todas las grandes ideologías probaron ser ineficientes para los árabes, Fayyad ha dicho que quiere un gobierno con base en la "legitimidad por el trabajo".
Algo realmente nuevo está sucediendo aquí. Y, dada la prioridad de la causa palestina ante los ojos de los árabes, en el caso de que el Fayyadismo funcione, tal vez pueda ser el inicio de una tendencia en esa región, una tendencia que aumentará, y mucho, la seguridad árabe: un gobierno bueno y responsable.
Terra Magazine