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Carri recrea la tragedia en la Pampa, Méndez ausculta a la oligarquía ociosa

"La rabia", punzante tragedia enmarcada en la aridez de la Pampa, de la argentina Albertina Carri, aportó un momento intenso de gran cine a la competición del Festival de Biarritz, mientras el peruano Josué Méndez era aplaudido por "Dioses", auscultación de la oligarquía ociosa de su país.

Los "Dioses" de Josué Méndez son los miembros de la clase alta peruana que viven encerrados en su torre de marfil, ignorando la sociedad que los rodea y cuyo único contacto con las clases pobres son las "cholas" que tienen como empleadas domésticas.

El director peruano sigue la vida de una de esas familias durante un verano, cuando se instalan en su mansión junto al mar. Los dos hermanos, Diego y Andrea, y el padre conviven ahora con la nueva novia de éste, de origen popular y que debe aprender las reglas de su nueva clase social.

Maricielo Effio, Sergio Gjurinovic, Anahí de Cárdenas y Edgar Saba encabezan el elenco.

Méndez describe sobre todo a las mujeres y a los jóvenes de esa sociedad. Vacuidad, ignorancia y rompimiento de todas las normas morales son la regla. Se llega incluso al incesto, aunque siempre salvando las apariencias.

Pero en este retrato de grupo falta algo: el mundo del poder, económico o político, que da riqueza a las clases altas y que aquí se insinúa apenas, en manos de los hombres.

Contrariamente a su primera película, "Días de Santiago", en la que el director desplegaba una gran audacia formal y optaba por una descripción del personaje desde adentro, "Dioses" tiene una narración convencional y una pintura casi superficial de los protagonistas.

"Enfrentarme a otro medio social cambiaba totalmente la manera de filmar. La clase alta de Perú es una clase muy hermética, que no te permite acercarte mucho. De manera que la idea era mantenerse un poco a distancia, sin meter la cámara en los personajes", explicó el director en conferencia de prensa.

"La idea formal para ''Dioses'' era una superficie colorida con mucha luz y muchos colores. Porque esa oligarquía muestra una superficie muy limpia muy aséptica, pero detrás de esa fachada hay la misma sordidez que en cualquier otro medio social", agregó.

Segunda película argentina de la competición, tras "Incómodos" de Esteban Menis, "La rabia" opone la inocencia de la infancia a la violencia carnal de la vida de los adultos y a la aridez de la naturaleza, para construir una tragedia áspera y punzante.

Dos familias pampeanas y la vida del campo son el marco de la película. En esa vida dura, en la que la muerte y la sangre forman parte de lo cotidiano, el deseo sexual, el orgullo y el poder sobre su familia signan la vida de los hombres.

Una niña, cuyo refugio es el silencio, y un niño, obligado a trabajar como adulto antes de tiempo, son testigos impotentes de la violencia que opone a los mayores, del adulterio de sus padres, del odio. Pero la solidaridad entre ambos no basta para protegerlos.

Albertina Carri ("Los Rubios", "Géminis") construye la trama con un lenguaje sumamente personal, en el que la fuerza de las imágenes trasciende las palabras. La narración está puntuada por escenas de animación: los dibujos de la niña muda cobran vida, transmiten sus miedos y sus angustias y, en última instancia, reflejan la crueldad del mundo con más veracidad que las imágenes reales.

La sobria interpretación de los actores (Analía Couceyro, Javier Lorenzo, Víctor Hugo Carrizo y Nazarena Duarte) da una justeza total a los personajes.

"La Rabia", presentada en Biarritz en ausencia de su directora, aparece como la película más sólida y más original de la selección hasta ahora, cuando sólo falta por descubrir la colombiana "Perro como perro" de Carlos Moreno.

El palmarés del Festival de Biarritz será anunciado el sábado.

mc/erl

AFP

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