El pueblo que resurgió de las cenizas en Argentina
Redacción BBC Mundo
Villa La Angostura, en la Patagonia argentina, quedó cubierta de arena y cenizas tras la erupción del volcán Puyehue. Un año después, sus pobladores cuentan a BBC Mundo cómo lograron sobrevivir.
Imagine vivir por nueve meses bajo una constante lluvia de ceniza, arrojada desde un volcán cercano que repentinamente entró en erupción, cubriendo todo con una densa capa de arena y piedras.
Eso experimentaron los vecinos de Villa La Angostura, el poblado en la Patagonia argentina más cercano al Puyehue, un volcán chileno que el 4 de junio de 2011 entró en erupción, expulsando millones y millones de toneladas de material hacia este centro urbano, ubicado a sólo 40 kilómetros, del otro lado de los Andes.
En octubre pasado, a cuatro meses de la erupción, BBC Mundo visitó el lugar y dio cuenta de los estragos que estaba causando el fenómeno: arena, piedras y ceniza por todos lados, un éxodo masivo de pobladores y lo más preocupante de todo: una ausencia casi absoluta de turistas, la fuente de más del 90% de los ingresos de este paraíso patagónico.
Hoy, un año después de que comenzara el siniestro, el panorama es muy diferente. La ceniza dejó de caer. La mayoría de los que se habían ido temporalmente volvieron. Y muchos de los locales aseguran que La Villa -como se la conoce afectuosamente- "renació".
Por las calles del pequeño poblado ya no quedan casi huellas de los 5 millones de metros cúbicos de cenizas que llegó a arrojar el volcán.
Incluso los extensos bosques que rodean al lago Nahuel Huapi, sobre el que reposa esta bella aldea, lucen limpios gracias a los efectos de la Madre Naturaleza, que con el recambio de hojas y las lluvias contribuyó con los esfuerzos realizados por los humanos para liberar las sendas que habían quedado obstruidas.
Solamente las playas, los márgenes de algunos lagos y unos pocos techos delatan los efectos de la erupción del volcán.
Un respiro
"El quiebre se dio en febrero, cuando el Puyehue empezó a reducir su actividad", dijo a BBC Mundo Juan José Fioranelli, quien se desempeñaba como secretario de Turismo cuando golpeó el volcán.
Recién en marzo los residentes de Villa La Angostura pudieron volver a ver el cielo azul, diáfano, que caracteriza a esta región.
"Fue desesperante. Lo peor era la incertidumbre, no saber cuándo iban a parar las cenizas", confesó Maxi Rodríguez Consoli, guía de pesca y uno de los cerca de 13.000 habitantes del pueblo.
"Todos consideramos la posibilidad de irnos, pero la mayoría optó por quedarse porque amamos este lugar", dijo por su parte Pablo Bruni, coordinador técnico de Turismo y Promoción de la municipalidad local.
Al igual que ellos dos, muchos de los pobladores de Villa La Angostura son adultos jóvenes, padres de niños pequeños, que decidieron abandonar ciudades más grandes en busca de una mejor calidad de vida.
Por ello, la erupción del Puyehue les representó un dilema y varios optaron por enviar a sus hijos a otros lados durante los meses de mayor actividad volcánica.
¿Qué hicieron con la arena y la ceniza?
Además de resistir bajo una nube diaria de ceniza -que por no ser tóxica no causó mayores trastornos de salud- quienes decidieron quedarse debieron ocuparse de limpiar los 40 centímetros de arena y piedra volcánica que cayeron durante los primeros días de la erupción y causaron trastornos masivos.
"Nos organizamos para que los vecinos acumularan el material en sus terrenos y lo pasaban a retirar en camiones que lo llevaban a dos depósitos temporarios que se crearon", contó Ariel Domínguez, quien era secretario general de Gobierno de la municipalidad cuando estalló el volcán.
Ese operativo -financiado por el gobierno provincial- duró meses, y fue una de las pocas fuentes de trabajo en La Villa.
Domínguez estima que se llegaron a retirar unos 15 camiones de arena y piedra de cada lote privado. Según la municipalidad, se realizaron unos 250.000 viajes de camión para limpiar el poblado.
En su momento, se evaluó la posibilidad de usar el material volcánico para crear bloques de construcción, pero el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) desechó la idea, según Domínguez, debido a que el sulfuro en las cenizas podía corroer el acero.
En lugar de eso, se decidió volcar la mayor parte del material sobre un lago, que se había formado por la desviación de un río en una zona en la que años atrás había una cantera.
La decisión de rellenar el lago, que tenía unos 17 metros de profundidad y menos de un kilómetro de ancho, causó algo de controversia entre los vecinos de Puerto Manzano, donde está ubicado.
BBC Mundo visitó el lugar, que ahora luce como un extenso terreno baldío.
Algunos lugareños especulan con la posibilidad de que ese espacio se convierta ahora en un sitio codiciado por los desarrolladores inmobiliarios.
El resto de la arena y cenizas se utilizó para rellenar otras zonas bajas en las afueras de Villa La Angostura.
Beneficios del volcán
No son pocos los que resaltaron el efecto beneficioso que parecen haber tenido las cenizas sobre los bosques y los lagos.
"Estamos mucho mejor que antes. Con toda esta arena que cayó las playas están más espectaculares que nunca", dijo a la revista "Hola!" Martín Zorreguieta, quizás el residente más famoso del lugar, por ser hermano de la princesa Máxima de Holanda.
Zorreguieta también aseguró que el volcán provocó una selección natural en los lagos que ha mejorado la pesca, uno de los deportes más populares en esa zona.
"Normalmente se pescan truchas de menos de 3 kilos. Ahora pesan 5 kilos o más", explicó a BBC Mundo Rodríguez Consoli, experto en ese deporte.
Los locales también destacan las propiedades fertilizantes de la ceniza.
"Fue increíble ver como todo la vegetación que había quedado tapada resurgió, y con más fuerza", afirmó el guía.
No todo lo que brilla...
Pero a pesar de que Villa La Angostura recuperó los vibrantes colores que le ganaron el apodo del "Jardín de la Patagonia", el panorama económico de este poblado no es tan reluciente.
Según el secretario de Economía del gobierno local, Andrés Abate, el volcán generó pérdidas por más de US$60 millones.
Casi el total de los 150 hoteles del lugar debieron cerrar temporalmente sus puertas y más de 100 comercios también cerraron, un 30% de forma definitiva.
"Llegamos a tener un 40% de desempleo y esa situación no ha mejorado mucho", dijo a BBC Mundo María Isabel Oliva, secretaria de la Cámara de Comercio local.
El motivo principal de la crisis fue la caída en el turismo. El Puyehue golpeó a la región en uno de sus momentos más críticos: la antesala de las vacaciones de invierno, cuando miles de estudiantes y familias llegan hasta allí para esquiar en el cercano cerro Bayo.
Según la Secretaría de Turismo la actividad en el invierno de 2011 alcanzó apenas el 15%.
"Lo peor fue el cierre del aeropuerto, que duró hasta diciembre, porque dio una mala señal", afirmó Fioranelli.
La temporada de verano, seis meses después, no fue mucho mejor.
Pero la tregua que dio el volcán a partir de marzo, cuando dejó de lanzar cenizas y pasó únicamente a expulsar vapor, marcó el fin del calvario.
"En Semana Santa, en abril, tuvimos una ocupación récord", resaltó el intendente, Roberto Cacault.
Según la oficina de Turismo, además de los visitantes asiduos que estaban ansiosos por volver, el éxito se debió también a la llegada de un alto número de viajeros que arribaron con mucha curiosidad por ver los efectos que había dejado el volcán.
"Lo llamamos turismo morbo", contó Bruni, entre risas.
Optimismo
El jefe del gobierno municipal admitió que, económicamente, Villa La Angostura está funcionando "a un 50%" de lo normal.
Pero, al igual que la mayoría de los pobladores con los que habló BBC Mundo, se mostró muy confiado en el éxito que tendrá la próxima temporada de invierno, que está por comenzar.
Cacault ofreció a BBC Mundo una sorprendente reflexión sobre lo que ha dejado la erupción del volcán, un año después.
"La erupción fue algo bueno para nosotros. No sólo desde lo ambiental, sino también porque fortaleció nuestros lazos como sociedad y desde lo económico desnudó falencias en los servicios que pudimos solucionar", concluyó.
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