Después de gastarse 118 millones de euros en Carlos Tevez, Roque Santa Cruz y otros tres jugadores, el Manchester City espera reflejar ese gasto en una exitosa temporada, aunque la revolución organizada en el City Stadium aún suscita un gran escepticismo.
Se suele decir que el dinero no hace la felicidad, algo que en términos futbolísticos se podría traducir por ''el dinero no hace el éxito'', aunque sin duda contribuya un poco.
Cuando falta una semana para que empiece esta temporada tan importante para el club, sus dirigentes, jugadores y seguidores esepran que el Manchester City no sea la excepción que confirma la regla.
Hoy su poder económico es indiscutible: sólo el Real Madrid y en menor medida el Chelsea pueden disputarle el título de club económicamente más fuerte del mundo.
La diferencia radica en que el dinero del que dispone Florentino Pérez procede de créditos bancarios y el del City viene sencillamente de la cuenta corriente de su propietario, el jeque Mansur bin Zayed al Nahyan, dueño de una gran fortuna.
El Real Madrid logró llevarse al brasileño Kaká, algo en lo que fracasó el City aunque por poco en enero, pero con las llegadas del argentino Carlos Tevez, el paraguayo Roque Santa Cruz, el inglés Gareth Barry, el marfileño Kolo Touré y el togolés Emmanuel Adebayor, que se unen a Craig Bellamy, Steven Ireland o Shay Given, el club inglés ha ganado muchos enteros.
Puede que no alcance del todo el mismo nivel que los cuatro grandes del ''Big Four'' (Manchester United, Chelsea, Liverpool y Arsenal) pero no se queda muy atrás, como quinta potencia nacional. ¿Tanto como para superar a los ''Blues'', los ''Reds'' y los ''Gunners''?
Sólo su actuación en el terreno lo aclarará. El Manchester City sólo ha ganado dos de sus partidos de pretemporada y su juego ha sido bastante mediocre. El técnico Mark Hughes no ha podido trabajar con Tevez ni con Santa Cruz, lesionados, y Barry no podía forzar demasiado.
Su equipo parece seguir en construcción, sin unas directrices claras ni un juego estructurado. El equilibrio del grupo sorprende, con 28 jugadores, seis de ellos atacantes, que se disputarán teóricamente dos puestos.
Y las exigencias que tiene ahora el City, con su nuevo estatus de gran club emergente, no dan cabida a los ensayos ni a los titubeos. Hughes tendrá que cosechar resultados muy pronto o podría ver el camino hacia la puerta igual de temprano.
Y es que mucho dependerá de que Hughes logre manejar a todos esos egos. El galés sufrió la temporada pasada, sobre todo por sus choques con Robinho, que no cumplía con las peticiones de su entrenador y ahora la competencia en aumento le dará sin duda quebraderos de cabeza al decidir su alineación.
Para un club que no gana nada desde la Copa de la Liga de 1976, que conquistó el último de sus dos títulos ligueros en 1968 y la última de sus cuatro Copas de Inglaterra en 1969, las esperanzas y las expectativas van a ser enormes.
El Manchester City aún no es un gran club, pero a golpe de talonario y fichajes va camino de conseguirlo.
cc/em/dr
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